Alemania y Dinamarca
Alemania (I)
5 de Junio. En la estación de Colonia (Köln) me atiende un hombre con un inglés escaso pero claro. Su propuesta para llegar a Copenhague es coger el tren en Hamburgo.
Nada más salir de la estación choco con el Dom, una maravilla de catedral semi-gótica de enormes proporciones. En la oficina de turismo una de las informadoras me indica donde está el albergue en un castellano entendible.
El albergue tiene un look modernillo. Está muy bien situado (al lado del Dom), pero las habitaciones sólo tiene camas (cuatro) y una maceta decorativa. Comparto la habitación con un ingeniero Suizo yuna chica canadiense afincada en Londres. Voy a hacer una llamada, pero el teléfono del albergue no acepta tarjeta (sólo monedas de 20 céntimos). Pruebo suerte con el teléfono público más próximo, pero la tarjeta holandesa no sirve. Así pues, compro una "cheaper card" en un locutorio cercano, pero resulta que no funciona en teléfonos públicos. Consigo comprar una tarjeta electrónica que funciona y reservo los albergues de Hamburgo y Copenhague.
Paseo por el Rhin, con algunas iglesias y regreso al albergue por la zona comercial, donde estuvimos antes visitando la oficina de correos. Una ventaja de es que el Dom se ve desde todas partes, cual brújula gratuita.
6 de Junio. El sistema mixto de S-Bahn (cercanías) y U-Bahn (metro) de Hamburgo es un follón. Los andenes están diseminados por todas partes, así que nunca sabes adónde vas realmente.
El albergue está cerca de St. Pauli, la zona roja de Hamburgo, y se nota. Hay gente de todas las razas y múltiples badulaques asiáticos y árabes. En el albergue la recepcionista se comunica conmigo mediante un castellano básico. La habitación está muy chula: es grande y está bien aprovechada (las camas van montadas sobre una estructura a lo pirámide azteca). Tiene cuarto de baño con ducha (pero no retrete...)
Gracias a la Hamburg Card se puede ir a todas partes en Metro (para cercanías basta con el Interrail). Visito el museo Kustal, repartido en dos edificios. Con la Hamburg Card la entrada cuesta tres euros. Se puede reutilizar en el otro edificio, pero caigo en ello demasiado tarde.
El bloque moderno es un gran cubo de cuatro plantas, muy bien estructurado. Lógicamente hay montones de obras de arte, aunque las más interesantes son una película india proyectada en doble pantalla, y una instalación de máquinas de escribir, que se activa por voz.
El edificio de arte "clásico" es más grande en superficie, pero sólo tiene dos plantas. Alberga muchos cuadros interesantes (sobre todo, una exposición temporal de Van Gogh y algunos cuadros prerrenacentistas), pero pocos famosos.
Doy una vuelta por St. Petri y St. Jacobs, hasta la antigua iglesia St. Nikolai, destruida en la guerra y conservada tal cual en recuerdo de la misma.
Por la noche me encuentro con Kenneth, un estadounidense muy majo. Quiere aprovechar el verano para aprender danés, antes de ponerse a trabajar en Septiembre como "Media Manager".
Al rato llegan otros huéspedes, Kim y Dan (australianos) e Igor (de Munich). Los primeros parten para Copenhague a las seis de la mañana, mientras que el segundo esta pasando unos días en la ciudad para arreglar los papeles para matricularse en "Tratamiento de la información" (en Alemania uno puede estudiar multitud de cosas, hasta las más peregrinas).
7 de Junio. Kenneth y yo vamos a la estación. El tren a Copenhague es bastante lujoso y cómodo: incluso tiene un pequeño espacio para los niños, con juguetes y todo (la "zona familiar", lo llaman ellos)
En Puttgarden el tren se introduce en el ferry. Es genial cómo se balancea con las olas y la ventolera que hace. Toda una experiencia.
Dinamarca
En Copenhague Kenneth y yo nos despedimos. Paso por la oficina de turismo y el banco (en Dinamarca la moneda oficial es el Kröne). Luego, cojo un autobús al albergue. El conductor no controla mucho de inglés, pero me indica donde tengo que bajarme. Mientras estoy buceando en el mapa, una viejecita se ofrece a llevarme al albergue (en inglés, of course). Acepto su oferta y enseguida llegamos, atravesando un par de callejones.
El albergue consta de una única habitación compartimentada. Tiene taquillas, pero están todas ocupadas, así que dejo la mochila en el suelo y me voy a comer.
El resto de la tarde transcurre paseando por el centro. Primero, los jardines Liv, llenos de gente tomando el sol en el césped. Luego, el Museo Erótico, estructurado en dos plantas equilibradamente distribuidas. Trata un poco de todo, pero especialmente de las vidas sexuales de diversas celebridades (con especial incidencia en Marilyn). Finalmente, visito la catedral Vor Frue. Tiene un tamaño medio, y a pesar de su austeridad, es bastante bonita.
De vuelta al albergue charlo un rato con una irlandesa, mientras espero a que se libere una de las dos duchas (a estas alturas se puede deducir que el albergue no era particularmente lujoso...) Más tarde, paso un rato en el salón, está animado con un ambiente juvenil y pintoresco (lo mejor del albergue).
8 de Junio. El puerto (Nyhavn) está muy animado, con sus casitas de colores, los barcos, la gente...
Paso por el Amalienborg Slot, conjunto de cuatro palacios con una discreta fuente a la que los japoneses parecen tener especial cariño... Siguiendo el paseo marítimo se alcanza la fuente de Gefión, a la que todo el mundo se sube para que les tiren la foto (pena que no tuviera agua). Según la mitología local, se supone que la tal Gefión era una diosa que "arrebató" toda la isla de Zealand a los suecos.
Desde el puente que cruza hacia la Sirenita se observa un montículo, mecido por el viento, de gran belleza. A continuación, hay dos estatuas de antiguos reyes, y, finalmente, la Sirenita, sofocada de turistas (como el Manneken).
Visito el Museo de la Resistencia, un pequeño edificio con armas, trajes, fotos y documentación sobre la guerra, entre 1940 y 1944. No está mal, aunque no es muy extenso.
En el Nyhavn está el restaurante Faergekro: bonito y discreto, con un servicio aceptable y excelente comida y bebida (el Akvavit realmente pega fuerte); una pena que esta última sea tan cara (comparada con la comida).
Por la tarde visito Hillerod. Los alrededores de la estación recuerdan a la capital, pero el resto es como un inmenso barrio residencial, verde y tranquilo por todas partes: ideal para vivir.
El castillo es bonito, con su original combinación de estilos. Dentro se puede apreciar una variada colección de arte de la cual destacaría un cuadro de Lars Von Trier, que a pesar de titularse "Autorretrato", muestra una mujer sangrando por la comisura de los labios. Curioso.
También son interesantes la sala principal (toda forrada de pan de oro) y los techos, pletóricos de relieves, figuras y frescos.
Al salir intento aplacar mi sed en un bar cerca del castillo con una Wiidekro, cerveza típica de la ciudad.
Más tarde, paseo por los jardines del palacio. Salgo por uno de los laterales de regreso a la estación, pero como siempre que intento economizar camino, tardo bastante más (casi dos horas dando vueltas entre los herméticos chalets). Tampoco me pesa el retraso, porque me permite contemplar de cerca el modo de vida danés
9 de Junio. Visito la Gliptoteca, aprovechando que hoy es gratis.
Tiene una colección bastante buena de estatuas clásicas, tanto griegas como sumerias y egipcias. Lo más interesante es precisamente el arte egipcio y una sala con esculturas neoclásicas.
Casi se tarda más en encontrar el tren hacia Roskilde que en llegar (apenas veinte minutos). Al Dom se accede por la calle comercial, en la que casi todo está cerrado. La iglesia es más llamativa por fuera que por dentro, ya que en su interior simplemente acoge tumbas de eminencias.
De regreso a Copenhague voy al parque de atracciones Tivoli se halla bastante animado. Las atracciones no son muy espectaculares, pero el parque está bien pensado y es bonito de ver. Hay varios espectáculos por la tarde, incluyendo una pantomima, acrobacias con ciclo y equilibristas. Me quedo a ver a estos últimos, amenizados por una big-band.
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