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Alemania (II)

10 de Junio. La siguiente parada es Berlín. Para llegar allí primero cojo el tren a Hamburgo, y de allí el EC dirección Praga.

Me alojaré en el albergue Sunflower, cerca de Weiszarstraasse BH. La recepción es única: desde la puerta me llaman por mi nombre, me ofrecen un café... Lo nunca visto. Pero no sólo eso: las habitaciones son enormes, como el cuarto de baño. También hay taquillas (candado aparte). Y todo cerca de Ostbahnhof. Total, de lo mejorcito que me he encontrado en el viaje (y además, a precios populares).

Saco dinero en un cajero próximo (mis últimos euros se evaporaron en el albergue) y compro algunas cosillas en el súper de enfrente.

Hago las reservas de los trenes para los días venideros. Me toca un vendedor que no tenía ni idea de inglés (luego resultó que en la oficina había una que sí lo hablaba). Como buenamente pude le transmití mis planes (menos mal que la compañía Die Bahn tiene ese sistema de información impresa eficaz). Con el follón me lío y reservo el trayecto de Munich para un día más tarde, con lo cual en lugar de pasar un día en París lo pasaré en Berlín.

11 de Junio. Me levanto temprano para coger el tren a Dresde. Al llegar a la estación central pregunto por los trenes de regreso a Berlín. Me dan otra hoja con horarios comentando que no hace falta reservar (aunque luego en el tren el revisor me cobra religiosamente un suplemento de 4’6 euros).

Hofkirche y Residenzschloss (Dresde)

Dresde es una ciudad curiosa. Supongo que debido a la rápida reconstrucción tras el bombardeo, las cosas se han hecho un poco "a la ligera": las calles se desparraman en todas direcciones, entrecruzando las líneas de tranvía con los carriles bici y los pasos de peatones (estos últimos, sin señalizar). No obstante, el centro es muy bonito, con todos esos majestuosos edificios de piedra negra.

Detalle de la "Madona Sixtina"

Paso por la catedral y el palacio japonés (al que se llega tras cruzar un largo puente), aunque sólo entro a la Gemalde-gallerie, dentro del palacio Zwinger. El museo es una maravilla: Canaletos, Tizianos, Rafaeles, Van Dycks, Tiépolos... Un magnífico paseo por el Renacimiento, del que destaca la "Madona Sixtina", de Rafael, cuyos distraídos angelillos se han convertido en símbolo de la ciudad.

 

Por la tarde me doy un paseo hasta el Gosser Garten. Comienza a llover, así que vuelvo a la estación.

12 de Junio. Voy a la estación Ostbahnhof a coger el tren hacia Leipzig. En el último momento lo cambian de vía. Sigo al resto de los viajeros y llego a la nueva vía. El tren es un ICE abarrotado de gente (ejecutivos en su mayoría) Nuevamente el paisaje es bonito: bosques, cultivos, ganado, casitas...

En Leipzig acudo a la oficina de turismo a por el mapa de rigor. En esta ciudad, todo lo interesante está agrupado en el centro, así que imagino que no me llevará mucho tiempo visitarla.

Me dirijo hacia el museo egipcio, siguiendo los carteles de orientación. Cuando llego al museo, resulta que sólo abre de 13:00 a 16:00. Me encamino a la iglesia de Nicolai, pero como la están restaurando, también abre sólo un rato (de 16:00 a 18:00). Esta situación se repite con casi todo: o está en obras, o en rehabilitación, de modo que al final sólo entro a la iglesia de Santo Tomás y al museo de Ciencias Naturales.


Iglesia de Santo Tomás (Leipzig)


La iglesia es bastante normalita, salvo su tejado a dos aguas de 63 grados, los aspectos históricos (Bach cantó en ella) y el órgano, al cual terminaban de interpretar una pieza cuando yo llegaba.

El museo de Ciencias consta de tres plantas con figuras de animales bastante elaboradas. También tiene una colección de fósiles y minerales y lo más curioso, una mini-colmena de verdad.

13 de Junio. Me quedo en Berlín. Preparo las mochilas, hago la compra y dejo los bultos en las consignas automáticas de Ostbahnhof. Después, continuo hasta Alexander Platz, y allí comienzo mi marcha.

Catedral, Iglesia de San Nicolás y Torre de Televisión

En Alexander Platz se encuentra una imponente antena de televisión a lo Pirulí, que se ha convertido en el símbolo del Berlín moderno. Más adelante está la pequeña pero acogedora iglesia de San Nicolás. A continuación llego a la catedral (Dom) con su cúpula renacentista. La entrada tiene dos modalidades: con y sin acceso a la "Dom Gallerie". La compro "con". El interior de la iglesia no tiene nada que envidiar al exterior: la arquitectura es renacentista, pero está cuajado de adornos, estatuas y frescos que demandan una larga contemplación. Desciendo a la cripta, aunque no es nada del otro mundo, salvando algún ataúd algo más elaborado y una mini-exposición de pintura al oro.

Finalmente, me dirijo a la "Dom Gallerie", que resulta ser la cúpula. No dudo de que debe disfrutarse de unas vistas maravillosas de la ciudad, pero después de subir unas cuantas escaleras y comprobar la altura de la cosa opto por regresar al firme suelo (tras echar un pequeño vistazo a la cúpula desde uno de los miradores interiores).

Después de comer voy a la Postdam Platz, de la que dicen es el solar en construcción más grande del mundo (y ciertamente se ven montones de edificios  a medio hacer) Uno de los que ya están terminados es el Sony Center, auténtico paraíso de los amantes de esta marca. Engloba las sedes europeas de las distintas filiales de Sony, la Sony Style Store, unos multicines, un IMAX, y diversas empresas y restaurantes, todo ello con una arquitectura moderna y elegante, alrededor de la plaza central en la que, casualmente, estaban difundiendo un partido del mundial en el que jugaba Alemania.

Tomo el tren hasta Nordbahnhof, para ver el monumento al Muro. En un panel adjunto se explica cómo un joven que intentó cruzarlo cayó en el cementerio del lado Este tras ser abatido, de tal modo que la ayuda del Oeste no le pudo alcanzar y murió desangrado.

14 de Junio. El revisor nos avisa de que en breve llegaremos a Munich. Es tan temprano que nuevamente me puedo tomar las cosas con calma, mientras la ciudad despierta. Después de desayunar en el andén, voy a consultar las opciones para llegar al lago Constanza. Una es ir a Konstanz, empleando tres trenes y cinco horas, y la otra es ir a Lindau, en tres horas. Lógicamente, me decanto por la segunda opcion.

Como el tren es regional, no requiere suplemento, y aunque es un poco antiguo, es cómodo y va vacío. Además, el revisor es amable y sabe inglés.

El trayecto es el más bonito del viaje: a lo largo de las tres horas se van desplegando bosques, ríos, pueblos, montañas, animales…

Lindau es un pueblo pequeño; en apenas media hora lo he rodeado, admirando el lago desde varios puntos de vista.

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©2006 Jesús Cuenca- Fecha última modificación: 5-08-2006.

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